EXCESO HÍDRICO Y SUELO: UNA REFLEXIÓN NECESARIA PARA EL 2025/26

 

EXCESO HÍDRICO Y SUELO: UNA REFLEXIÓN NECESARIA PARA EL 2025/26

Descripción breve: Las intensas lluvias de este año no solo anegan campos, sino que destapan problemas de fondo en el manejo del suelo. Una mirada a la erosión, la compactación y la gestión forrajera en tiempos de abundancia hídrica.

https://ada.gba.gov.ar/wp-content/uploads/2025/10/Presentacion_Estado_HumedadSPBA-02-10-2025.pdf

Las lluvias persistentes que están caracterizando este 2025 nos obligan a mirar más allá del anegamiento momentáneo. Son un llamado de atención para reflexionar sobre la salud de nuestro recurso más fundamental: el suelo. ¿Qué le sucede realmente a la tierra en un año así?

La evidencia más clara es la erosión hídrica y eólica, que se lleva consigo la capa más fértil. Este proceso se ve dramáticamente acelerado por factores que, en gran medida, podemos gestionar:

Pendientes sin control.

Falta de cobertura vegetal.

Escasa presencia de rastrojo que actúe como escudo protector.

Imagen de un lote de pastura en zona de Carlos Tejedor luego de la lluvia. 

Un dato no menor: La clave está en la estructura

Recientemente, el INTA Bordenave publicó un material profundamente relevante sobre este tema. Allí se explica que, más allá de la cobertura, la capacidad del suelo para infiltrar y almacenar agua depende críticamente de su estructura física, particularmente de la porosidad creada por la actividad biológica (raíces, lombrices) y el manejo. Un suelo compactado o sin vida pierde sus "microporos", esos canales esenciales que permiten el drenaje interno y el almacenamiento profundo del agua de lluvia. Cuando estos faltan, el agua se encharca en superficie o escurre, llevándose la tierra fértil.

Pero hay otro enemigo silencioso, del que poco se habla: el tránsito de maquinaria. La compactación es una amenaza a largo plazo, y su forma depende de la herramienta que usemos. Un rodado fino rompe la superficie, mientras que uno ancho puede engañarnos: la compactación se genera desde las capas profundas, sin signos visibles inmediatos, destruyendo justamente esa porosidad esencial de la que habla el INTA.

Video cosecha zona de Carlos Tejedor.
Esta problemática se vuelve crítica en la ventana de cosecha. La necesidad urgente de entrar al lote con el piso saturado deriva en encajaduras y huellas profundas. El remedio posterior, muchas veces, es una labor de emparejado que contradice los principios de la siembra directa, forzándonos a hacer un trabajo de menor calidad solo para poder sembrar.

El desafío en los sistemas ganaderos es igual de complejo. El pastoreo sobre pasturas nuevas o suelos blandos en condiciones de exceso hídrico tiene un doble costo:

Video de un productor de Carlos Tajador.
Pérdida de plantas forrajeras por el pisoteo y el arranque.

Pérdida de calidad nutricional: si no podemos entrar a pastorear a tiempo, el forraje se pasa, disminuyendo su valor para el animal.

Este panorama se vuelve más heterogéneo en una región como Carlos Tejedor, donde la composición del suelo varía notablemente según la ubicación dentro del partido. No hay una receta única; la estrategia debe adaptarse a cada lote, a cada tipo de suelo y a cada sistema productivo. La publicación del INTA Bordenave refuerza esta idea: el manejo debe buscar siempre proteger y regenerar la estructura del suelo, promoviendo la cobertura, minimizando el tránsito con piso húmedo y fomentando la biodiversidad (la "meso y macrofauna") que es la ingeniera natural de esa estructura.

En conclusión, el exceso hídrico no es solo un problema climático; es un revelador de las prácticas de manejo. Nos muestra dónde estamos fallando en la protección de la estructura del suelo, en la planificación del tránsito y en la flexibilidad de nuestros sistemas. Como bien señala el trabajo técnico, la salud del suelo es la primera línea de defensa.

La pregunta que queda flotando es: ¿Estamos invirtiendo lo suficiente en la resiliencia de nuestros suelos para enfrentar estos eventos, que podrían ser cada vez más frecuentes?

Para profundizar: Te recomiendo leer la publicación de referencia del INTA EEA Bordenave: "El agua en el suelo: procesos de infiltración, almacenamiento y pérdida". Es un excelente material que da base científica a esta reflexión.


¿Vos cómo lo ves? ¿Qué prácticas implementas en tu campo para mitigar estos efectos? ¡Dejá tu comentario y hablemos del tema!

Carlos Tejedor Agroindustrial.

Carlostejedoragroindustrial@gamail.com

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